Comprometidos con el consumidor

Como sucede con cualquier otro tipo de alimento, los productos de aperitivo deben consumirse en cantidades moderadas, para integrarlos en una dieta completa, variada y equilibrada; y, de ningún modo, han de sustituir una de las ingestas principales.

Tradicionalmente, los productos de aperitivo han formado parte de la dieta mediterránea, por las materias primas que los componen, claras representantes de nuestra alimentación (cereales, aceite de oliva, frutos secos, vegetales…).

En el consumo de nutrientes de la población, los adultos tienen más tendencia a presentar déficit de calcio, potasio, fibra, magnesio y vitaminas A, C y E. Además, en determinados grupos poblacionales  también puede existir déficit de vitamina B12, hierro, ácido fólico y vitamina D.

Los productos de aperitivo son ricos en determinados micronutrientes, detallados en las etiquetas de los envases. En ellas podemos comprobar los niveles de sodio y grasas saturadas, así como la energía por ración, lo que nos ayudará en la selección del producto y en el control del balance energético.

La composición de grasas es muy variable en cada tipo de aperitivo. Los hay desde muy bajos en grasas saturadas, ricos en grasa poliinsaturadas (nueces) y ricos en ácidos grasos monoinsaturados o preparados con aceite de oliva.
El ácido oléico, ácido graso de tipo cardiosaludable, se encuentra en una elevada composición en los frutos secos; representando el 70% del total en las almendras y avellanas, el 60% en los pistachos y del 15 al 45% en las nueces y los piñones.

A su vez, muchos productos de aperitivo aportan hidratos de carbono beneficiosos para el organismo, con bajo contenido en azúcares y, por tanto, con un índice glucémico bajo.

Asimismo, los frutos secos contienen un alto porcentaje de proteínas (13-20%). Estas proteínas, además, son de calidad biológica, superior a la del resto de proteínas de origen vegetal.